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WHAT WE DON'T WANT TO SEE

Hay una conducta humana de no ver ni mirar lo que no queremos saber.

Decidimos hacer este reportaje fotográfico un día de verano, cuando al llegar a mi casa encontré la puerta del piso reventada y destrozada. Los armarios estaban todos revueltos, un mar de desorden por el suelo, y habían robado el equipo informático y fotográfico. Es una escalera con amplio hueco y mucho eco, donde se cae una moneda en el quinto piso y se oye en el primero, pero ¡qué extraña curiosidad, que nadie escuchó nada!. Ningún vecino escuchó los golpes que debieron de ser muy fuertes por destrozar la puerta. Nadie oyó nada. Supongo que las personas tienen los ojos vendados cuando entre la colección de vecinos hay un piso patera, un vecino relacionado con drogas y un autonómo de la construcción con prácticas deplorables. No es necesario profundizar en estos hechos, más allá de cuanto da por interpretar un lacónico "quid pro quo".

Este es sólo un ejemplo de un concepto que conozco desde hace muchos años. Las personas, y la sociedad en general, asume la existencia de esa actitud humana que consiste en ignorar aquello que no se ve, pero también en no querer ver lo que no queremos ver. La metáfora de la venda, y la expresión fotográfica de los ojos vendados, es una forma gráfica de mostrar una condición humana.

Tras esta introducción, cabe reconocer que escribir el texto ha resultado muy difícil, sobre todo en cómo enfocar su contenido. Aún hay palabras que, tras leer una y otra vez, sigue apetenciendo cambiar. Se podría haber optado por la decisión de realizar la crítica que esta actitud se merece, con el objetivo de reflexionar, madurar y aprender de errores que ya hace años deberían de haberse dejado de cometer, sin texto comedido, pero no tengo ninguna duda en que las palabras iban a herir la sensibilidad de miles de personas cuya decisión sería dejar de leer, otra forma de colocarse la venda sobre los ojos para no ver aquello que nos puede avergonzar.

Una segunda opción es barajar las letras de tal modo en que el resultado fuera una redacción no ofensiva, no crítica, para no hacer sentir molesto a nadie. Sin embargo, asumir esta forma de expresión es aprobar la actitud de ir por la vida con los ojos vendados, mirando o escuchando sólo aquello que nos gusta y nos adula, y el resto no querer verlo, y con nosotros esta actitud está totalmente prohibido. En la vida, por el mero hecho de hacer algo, irremediablemente vas a tener personas a tu favor y personas en tu contra, amigos y enemigos. Por el simple hecho de responder, e insisto en el hecho de responder, sin precisar si la respuesta es "sí"o o es "no", tienes una parte de público que te va a aplaudir y otra parte que te va a silbar.

Por lo tanto, la decisión es escribir el texto libre de la venda. A favor, tantos; en contra, otros tantos. La vida está llena de enemigos, sin querer, sin causa y sin razón, pero forma parte de nuestra historia, en algunos casos, desde el día que nacemos. La cifra no importa; donde caben 57, caben 58, y poder luchar, competir, defender, atacar o aniquilar, es libertad. La envidia, la avaricia, la impotencia, la rabia, el odio, la intransigencia o algo tan simple como los prejuicios, entre muchos otros, son semillas de enemistad que germinan en raíces donde brotan nuevos enemigos, y cada día decenas de estos más. No es ningún problema, y no debe de ser fuente de amargura. No importa cuántos sean, ni quién son. Cada victoria, cada rival aniquilado, te hacer mejor y más fuerte, y es inevitable en esta sociedad encontrarse con combates sin cesar. Al fin y al cabo, sólo son los obstáculos que sin elección deben de saltarse en una carrera con un principio y un final.

Esto no puede cualificarse de ningún modo grave. La gravedad reside en vivir engañados o, mucho peor todavía, no querer ver que somos engañados. Es cierto que hay personas que ignoran muchas realidades que les rodean, lamentablemente en ocasiones consecuencia de no tener acceso a la cultura, a la información o a derechos básicos en contra de su voluntad, sin opción. Pero también hay centenares de miles de personas que se niegan a escuchar y que, si les enseñas la realidad, es como indicarle el horizonte a alguien con los ojos vendados. La comodidad de vivir con aquella conducta prepotente y narcisista que se define con esa famosa frase de "es sólo una leyenda dentro de su propia mente" es una razón, pero no es la única.

Hay muchas causas, todas ellas englobadas dentro de una pregunta tan simple y a la vez compleja de si las personas están dispuestas a vivir sin la venda en los ojos. Dicho con otras palabras, supongamos que la sociedad es consciente de las mentiras y la utópica fantasía que pintan su mundo de blanco y negro con colores que no le corresponden. Supongamos que les presentamos la cruda realidad, tal como es, sin adornos ni pinturas ni condimentos, en su sabor real. No tiene por qué ser amargo, pero existe el riesgo de serlo. Quizá nos exiga perder la felicidad y luchar, competir, levantarse de la comodidad y letargo para demostrar sacrificio, voluntad, perseverencia, valentía, capacidad de decisión, o tal vez no. El riesgo existe, pero también puede evitarse con el simple hecho de permanecer con los ojos vendados, de creer cuanto se dice y no mirar. Esta segunda opción regala la felicidad en bandeja.

No vamos a dar respuesta, al menos todavía, y quizá tampoco debemos de ser nosotros quienes debamos de dar respuesta. Muy probablemente, la respuesta la sabe cada persona. Es un gran debate, o peligroso según se mire, saber si todos están dispuestos a encontrar la solución, y mucho más plantear si prefieren la ignorancia por encima del conocimiento. Es drámatico saber la simple posibilidad de comportarse con una conducta que es el espejo de la inanición, pero existe en el catálogo de la hipocresía, fingiendo cualidades que no se tienen, sentimientos que no son ciertos, ideales en los que no se creen.

Con estos párrafos escritos hasta este punto buscamos preguntarnos cuánto puede aportar la sociedad plural y, ya concretamente, todas las personas que la forman, con su propio derecho personal, su historia, sus creencias, sus libertades y sus conjuntos colectivos, de los cuales haremos de algunos ahora mención.

Sin ningún duda el primer protagonista por méritos propios lo encabeza por política, especialmente sensible en un país como España donde nosotros residimos, con numerosos escándalos judiciales, a cada cual más esperpéntico y vergonzoso, en muchos de sus altos cargos políticos. En las nuevas elecciones, a pesar de que han irrumpido en algunas ciudades o comunidades autónomas nuevas formaciones y han sorprendido victorias locales de otras formas de hacer política, siguen todavía centenares de miles de ciudadanos dando su voto a políticos imputados por la justicia española por delitos graves que comportan penas de prisión, y desde nuestra área internacional nos preguntan si aquí votamos con los ojos vendados. El número de políticos y empresarios imputados debería de hacer sonrojar de vergüenza a cualquier país y sociedad para quienes la decencia y la sana democracia sea importante.

Siempre hemos hablado de políticos e instituciones corruptas, que en España proliferaron como las setas en otoño y que en las fechas presentes todavía hay mucha seta por recoger, pero hay una frase también que dice que un gobierno corrupto es fruto de un pueblo inculto. Aquí cabría valorar si es verdad que la corrupción ríe a carcajadas cuando los comensales sentados en la mesa comen felices con los ojos vendados, y he aquí la palabra clave: felicidad. Mientras sea el plato apetitoso, de buen sabor y buen olor, no les importa saciarse con los ojos vendados. Dicen que se come por la vista, que nos sirven los manjares bien lustrados y adornados porque la presencia de la comida nos hipnonita, pero tal vez la primera regla del buen comer es el olfato. Las personas también comen felices con una venda en los ojos, pero comer con una pinza en la nariz el resultado es muy distinto.

Ofrecer algo a cambio es la magia de la política, porque decir si no cómo se puede explicar el perceptible olvido de la gente ante casos de corrupción abiertos todavía en los juzgados españoles en las fechas que escribimos este artículo, como el caso Gürtel, el caso Nóos, el caso Pretoria, el caso Jordi Pujol, el caso Bankia, o la Operación Púnica, entre otros. Los informes dados a conocer por el Consejo General del Poder Juidical, mostraron por ejemplo en 2013 un total de 1.661 procedimientos sobre los casos que tramitan los jueces de corrupción política y económica, tales como la prevaricación, cohecho, estafas, malversación de caudales públicos, o tráfico de influencias, por citar algunos ejemplos.

A pesar del nacimiento de nuevos partidos políticos y propuestas diferentes, no se perciben cambios generales en la mentalidad social. La felicidad, el ocio, la diversión, el entretenimiento, el placer, son aspectos que se han mantenido en mayor o menor edad incluso en época de crisis. Concebirlo puede resulta difícil para visitantes y foráneos, salvo si al mirar la sociedad aprecias la venda sobre una abrumadora mayoría.

La justicia, de quien justo párrafos antes hemos hecho mención, también se merecen también por méritos propios tener mención. A pesar de las acciones judiciales, cabe destacar que el tiempo medio de duración de las intrucciones no se ha medido oficialmente, pero la lentitud en éstos, bien sea por la sobrecarga que provoca causas complejas o falta de jueces, la tardanza de Administraciones Públicas, empresas, el propio sistema judicial o los Cuerpos de Fuerzas de Seguridad del Estado en realizar las diligencias encomendadas, se percibe incluso a ciegas que hace su verdad innegable también para los mencionados.

De todos modos, política, justicia y economía, no son los únicos instrumentos de esta sociedad democrática que son los abrumadores ganadores de estos debates en los que estáis todos y todas a participar. La realidad es muy compleja. Colocar el adjetivo de compleja a la realidad es decir que no es perfecta, que en muchas ocasiones es caótica, desordenada, con errores, con mucha falta de comunicación, egoísta, de conciencia sorda y ciega, y buscar la solución parece que todo el mundo la sabe pero ninguna convence. El desánimo cunde, y parece no verse solución. Tal vez el primer paso para ello es quitarse la venda de los ojos, pero deberíamos de preguntar cuántos están dispuestos a ver la vida tal como es, sin los ojos vendados.

Por último, ya en las últimas frases de este artículo, cabe hacer una merecida mención especial, con toda gratitud y admiración, a las chicas que han posado para las fotografías que ilustran el reportaje fotográfico. Han sido maravillosas, con una profesionalidad y una paciencia extraordinaria, en una sesiones muy divertidas, valientes, comprometidas con el reportaje fotográfico y que se han aplicado como modelos digno de alabanza, y públicamente mil felicidades y gracias. Hay miles de personas que deberían de aprender mucho de ellas. Han demostrado cualidades imprescindibles que cada vez es más difícil encontrar en las personas. Han mostrado compromiso, honestidad, sinceridad, profesionalidad, comunicación, diálogo, confianza, curiosidad y afán de superación. ¡Mil gracias para todas ellas! Cada vez hay menos personas con estas cualidades, por nos encanta ver que todavía existen personas de tal agrado.

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WHAT WE DON'T WANT TO SEE

Reflexionamos sobre la actitud de no mirar lo que no queremos ver

 

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