El amor triunfa en la edición 2017 del Salón del Manga de Barcelona.

Marcos Alonso. - Barcelona, 04 de noviembre de 2017

Llevamos 20 años dedicados al fotoperiodismo, y en todo este tiempo tenemos miles de historias por explicar y centenares de miles y miles de fotos hechas, de todo tipo, de violencia, emotivas, de famosos, estrellas del cine, políticos, deportistas, manifestaciones, de gente, de momentos históricos, de triunfos, de derrotas, de denuncia, informativas, surrealistas, simpáticas, graciosas, y un sinfín de adjetivos que parecen no terminar.

En el Manga nos hemos encontrado una anécdota divertida. El Salón del Manga es uno de aquellos lugares donde el fotoperiodismo aplica como excepción muy poco habitual el hecho de pedir a la gente que pose para las fotos. Por norma general, ética y profesional, los fotoperiodistas fotografiamos los hechos tal como suceden, sin alterar la realidad, y en muy ocasiones les pedimos que posen, salvo en algunas ruedas de prensa o los photocalls.

El Manga es, como hemos dicho, una de estas exclusivas excepciones. En este evento, y eventos de similares características, los visitantes en su gran mayoría les gustan vestir como su personaje de cómic o manga favoritos. Les gusta posar, salir en las fotos imitando los gestos que identifican sus personajes, en posados que en muchas ocasiones tienen ensayados o preparados, y quieren posar antes de ser fotografiados. En otras ocasiones, no llevan su cosplay o disfraz completo paseando por los Pabellones. Se quitan los guantes, o las pelucas, o las máscaras, guardados en las mochilas por la incomodidad de llevarlo horas, o llevan sus "armas" de juguete mal colocadas. Les gustan las fotos con toda la indumentaria, y hay que pedirles el posado. El público posa encantado.

En una de estas situaciones, vimos a la chica vestida de Princesa. Le pedimos el posado, y ella nos pidió que quería posar con su novio, vestido de Príncipe para ir los dos con la misma temática. Había unos 20 metros de distancia.

Ambos, vestido ella de Princesa y él de Príncipe, se colocaron en posición, y justo unos instantes antes de hacer la foto, el chico se arrodilló para sorpresa de ella. Buscó debajo de su capa, y sacó una pequeña caja, ante el asombro de la chica, que parecía no entender nada.

Fue fácil ver que allí pasaba algo raro, y como fotoperiodista es nuestra responsabilidad hacer las fotos que dan testimonio de la realidad. El chico abrió la caja, o mejor dicho, le llamaremos el Príncipe, que queda más romántico. Nosotros somos muy poco románticos después de tantos años, pero intentaremos escribir con la magia del momento.

Algo le dijo el Príncipe. Desde la distancia no se escuchó su voz baja, pero la Princesa, que sí, llamaremos Princesa, se lleva las manos a la cara de su mayúsculo asombro. Sonrió tímida. Alargó la mano, y el Príncipe le puso el anillo en el dedo. ¡A la primera! Bueno, ¡a la segunda! ¡Casi a la tercera, podríamos apurar!. En definitiva, que la novia le ayudó, y el anillo por fin entró en el dedo. Debió de ser por los nervios del Príncipe.

Leyendo los párrafos escritos hasta este punto, reconocemos sinceramente que la literatura romántica no es nuestra especialidad. No está quedando el texto muy romántico, pero confiamos en que los lectores y lectoras sabrán entender la ternura que sí se vivió en la escena. Nosotros hace muchos años que trabajamos la dureza del fotoperiodismo en todos los campos, y ya no nos acordamos qué es el romanticismo. ¡Qué tiempos aquellos!.

Seguimos. Con el anillo puesto, el Príncipe se puso en pie. Le tocaba el turno al beso de amor. ¡Un beso sin lengua! Hemos dicho un beso de amor, tierno, cariñoso, de aquellos donde los labios se abrazan y se unen para ser uno sólo. ¡Esto sí ha quedado romántico!. En realidad siguen siendo dos labios, que se besan y se expresan su amor.

Tras el beso, el Príncipe se puso a llorar. Hicimos las fotos de toda la secuencia completa, de principio a fin, pero no os vamos a poner la foto del chico llorando. Tal vez le entró polvo en el ojo. ¡No, no! ¡Es broma!. Era de la tensión, de la emoción, de los nervios. Las lágrimas son como los bostezos, que dice la habladuría popular que se contagian, y entonces se puso a llorar la Princesa también. Ella se mostró más fuerte, y logró contenerse a los pocos segundos.

Terminamos las fotos con un posado sonriente, los dos mirando a cámara sonriendo para cerrar las lágrimas, y nosotros ya nos fuimos, porque nuestro trabajo de fotoperiodistas y nuestras relaciones terminan cuando la foto ya no es informativa.

Somos conscientes que este texto no nos ha salido muy romántico, y no tiene nada de poesía. No creemos que nuestros párrafos sean parte de la historia universal de la literatura romántica, pero lo hemos intentado. Somos muy poco románticos, es cierto, pero por eso están las fotos, de las que os hemos publicado cuatro fotos que sí ilustran la emoción de la escena.

El amor triunfó en el Salón del Manga de Barcelona.

 

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